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Muchas veces, cuando hablo con gente sobre deporte, me dicen que están demasiado ocupados para practicarlo. Se quejan de una dolencia o sus kilos de más, pero dicen que pueden hacer poco o ningún deporte por tener demasiadas obligaciones. Yo mismo me pongo esa excusa a menudo.
Pero es una excusa. Se la damos a otros y nos la damos a nosotros mismos. La realidad es que si de verdad queremos hacer algo encontramos el tiempo. Normalmente siempre nos las apañamos para hacer las cosas que no queda más remedio que hacer. Pero los pequeños sacrificios que nos llevan algún tiempo son las víctimas perfectas de nuestra sobrecargada agenda.
Hace no mucho conocí a Rob Smith. Es el ejemplo perfecto de justo lo contrario. Es una persona muy ocupada. Tiene un trabajo que le tiene en la oficina hasta la noche e incluye muchos viajes porque gente en distintos países depende de él. Además está casado y tiene varios hijos pequeños. Y a pesar de ello está preparándose para un Ironman. Para los que no lo sepan, un Ironman es la modalidad más dura de triatlón. Incluye 3,86 kilómetros nadando en aguas abiertas, para luego recorrer otros 180,25 kilómetros en bicicleta, y terminar un corriendo a pie un maratón, con sus correspondientes 42,195 kilómetros.
El tipo de entranamiento necesario para terminar un triatlón hace temblar a cualquier aficionado al deporte. Y sin embargo él lo consigue hacer a base de entrenar a la hora de comer, levantarse a horas a las que muchos nos acostamos y renunciar a casi todo lo renunciable. No se lo he preguntado, pero me apuesto lo que sea a que ni enciende la televisión.
Por si todo eso fuera poco, está reflejando en un blog todo el proceso de preparación. Está en inglés, pero si te gusta el deporte y entiendes el idioma te recomiendo echarle un vistazo porque es muy entretenido. Por cierto, está recaudando dinero para la British Heart Foundation (Fundación Británica del Corazón), así que si puedes hacer un donativo irá a buen sitio y le darás ánimos en su preparación.
Gracias a que lo está escribiendo todo encontré un artículo en el que muestra lo que es una semana típica de entrenamiento cuando está en Madrid. Y es brutal:
- Va y vuelve a trabajar en bicicleta o corriendo dependiendo del día, y normalmente alarga la ruta.
- Entrena a la hora de comer
- El fin de semana es aún más intenso, con 4-5 horas de deporte
En otro artículo dice que se siente afortunado por poder hacer todo esto y que es consciente de que no es sostenible en el tiempo porque implica también sacrificios para su familia. Pero aún así es realmente admirable que pueda hacerlo. Si crees que no tienes tiempo analiza tu día y busca el hueco, pero no te engañes, si de verdad quieres sí que tienes tiempo.
Ahora que la Semana Santa termina quiero dedicar un artículo a los costaleros y cómo se puede trabajar con ellos para que su espalda sufra un poco menos. Independientemente de si se siguen o no las procesiones, no creo que nadie pueda discutir el esfuerzo al que somenten sus cuerpos los costaleros al portar los pasos por localidades de media España. Si la lluvia no lo impide.
En el pasado no había una gran preocupación por la salud de los costaleros, más allá de la que tuvieran ellos mismos por los dolores que pudieran sufrir. En fechas más recientes, sin embargo, ha empezado a ser mucho más habitual que las hermandades cuenten con fisioterapeutas que les asesoren.
La labor del fisioterapeuta en estos casos comienza con la preparación. Los costaleros entrenan durante meses y es importante que en esa fase tengan una supervisión. Por un lado se trata de que alcancen un nivel de forma adecuado sin lesionarse. Y por otro, que si tienen algún tipo de problema físico previo no se vea agravado por esta actividad y puedan desarrollarla con los demás.
El fisioterapeuta también debe estar presente el día en que finalmente se sale con el paso. Aunque no todas las hermandades lo hacen, muchas hacen relevos de costaleros por lo prolongado de la salida y lo intenso del esfuerzo. En esos cambios el fisioterapeuta puede trabajar con los que terminan para que vuelvan a estar listos cuando les toque y que el descanso les recupere lo mejor posible.
Finalmente, una vez pasada la Santa Santa, el fisioterapeuta debería seguir trabajando con los costaleros para que las lesiones o molestias que tengan como consecuencia de cargar los pasos se curen sin complicaciones que les afecten en el futuro.
El trabajo que el fisioterapeuta debe hacer con el costalero es más o menos el mismo que hay que hacer con cualquier persona que cargue grandes pesos. Hay que incidir en que las posturas de carga sean ergonómicamente correctas, que la musculatura no se cargue demasiado, que se caliente antes del esfuerzo y que se recupere bien tras él...
Llevar pesos muy grandes durante mucho tiempo es un reto para la espalda y las lesiones de espalda pueden llegar a ser muy serias e inhabilitar para casi cualquier trabajo. Por ello no podemos más que celebrar que cada vez más costaleros cuenten con acceso a un fisioterapeuta que, si bien no va a hacer más ligera su carga, sí evitará, o hará menores, las consecuencias físicas negativas que pueda haber.


