Hoy tenemos En primera persona a Alejandro S. y nos habla de su experiencia con una hernia de disco. Este es su tercer artículo sobre el tema. Los dos anteriores Mi hernia de disco y yo: el dolor llama a mi puerta y Mi hernia de disco y yo: habemus hernia los publicamos hace unos días y pronto publicaremos el cuarto, que cierra la serie.
Este artículo es el más técnico de los cuatro y quiero insistir en que esto es sólo la perspectiva de un paciente. No soy médico ni pretendo dar explicaciones científicas precisas. Sólo compartir mi experiencia.
Explicación
Una hernia de disco es una alteración de uno de los discos que separan las vértebras entre sí y que dan cierta flexibilidad a la columna. Esa alteración presiona sobre un nervio y eso es lo que causa el dolor. Las molestias más típicas son lumbalgias (mi caso) o ciática, dependiendo de qué nervios presione esa deformación en el disco.
Una protrusión es una cría de hernia. La deformación es aún pequeña y no da muchos problemas, pero seguramente lo hará cuando crezca.
Los médicos distinguen entre distintos tipos de hernias y normalmente dicen que es hernia cuando hay rotura de una parte del disco y protusión cuando sólo es deformación.
Para una explicación más detallada este artículo del servicio de divulgación de la Biblioteca Nacional de Medicida de EEUU está muy bien.
Tratamiento
En mi caso, debido a que la hernia no era grande, me dijeron que no hacía falta operar.
La operación de hernia de disco consiste en quitar el saliente del disco para que no presione sobre ningún nervio y no genere dolor. Cuando el fragmento de disco que se quita es grande se fijan varias vértebras entre sí para darle estabilidad a la columna. Evidentemente, si te fijan vértebras pierdes movilidad. Por eso los médicos intentan no operar si no es estrictamente necesario. Tiempo habrá para ello.
Además de la cirugía he leído que hay otros tratamientos experimentales, pero de eso no tengo ni idea y no puedo opinar.
El neurocirujano me explicó que la hernia es algo degenerativo y seguramente no me la causó el esfuerzo de la puerta de garaje. Probablemente se había ido formando y eso sólo fue la gota que colmó el vaso.
Las hernias no se curan, pero pueden no ir a más, o al menos no empeorar muy deprisa. Me dijo que a veces tendría fases agudas que me dolerían y que otras veces ni me acordaría de que la tengo. Y que si las fases agudas no se repetían más de una vez al año no le diera importancia. Si alguna vez lo hacen tengo que volver para reevaluar la situación.
Para evitar que eso pase me recomendaron perder peso, mantener los abdominales fuertes y darme un masaje para descargar la espalda de vez en cuando. Todo eso lo comentaré en el próximo y último artículo.
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